Sexto Domingo de Pascua

Categoría: Eclesial Creado: Domingo, 17 Mayo 2020 Publicado: Domingo, 17 Mayo 2020
VIdPascua
 La Liturgia de la Palabra de este domingo nos vuelve a la sala donde Jesús celebró la que sería su última Cena Pascual con sus discípulos. Lugar de la intimidad donde Jesús nos enseñó el sentido profundo del servicio, donde les confió lo que sentía su corazón ante la proximidad de su Pascua al
Padre, donde les expresó su dolor ante la traición de uno de ellos, la negación de otro, el abandono de todos y la pasión y muerte que iba a afrontar por la salvación de la humanidad. Su amor era grande, su deseo de quedarse lo expresa partiendo y compartiendo el pan y el vino como signo de permanencia en la Eucaristía.
              Para los discípulos no es fácil comprender la riqueza del momento. Su confusión y sus dudas, su miedo y su tristeza, se reflejan en los rostros, en las miradas, en las palabras. ¿Qué sucederá cuando les falte su maestro? ¿Quién los defenderá y les dará ánimo y fortaleza? Jesús sabe que todo lo comprenderán más adelante y trata de infundirles confianza y valor; y como a ellos, a todos los que dan su palabra de fidelidad y de anunciar su Evangelio. Escuchemos su voz dirigida a cada uno: a mí, a ti, a todos.
              “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”. Habla del mandamiento nuevo del AMOR que testimonió con su vida y su Palabra: “Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado”. Queda claro que amarle consiste en guardar, obedecer y cumplir su palabra. El amor es esencial en toda comunidad que ha recibido la misión de hacer visible el Evangelio en la sociedad. Es un amor que crea comunión, y no puede quedar encerrado, sino que se expande por medio de la solidaridad y la entrega, se acerca a los que soportan la injusticia, la opresión y todo tipo de pobreza. Este amor procede de Dios: “… y mi Padre le amará…”.
              “Y yo pediré al Padre que os envíe otro defensor, el Espíritu de la verdad, para que esté siempre con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré, …vosotros me veréis y viviréis porque yo sigo vivo”. Es importante cómo Jesús pronuncia con insistencia el “vosotros” refiriéndose a los doce de entonces, y también a los de hoy, en concreto a todos los que nos encontramos con Jesús y su Palabra. Habla del Espíritu de la verdad, a una humanidad frágil, en un momento de crisis mundial de salud, como el que vivimos ahora, a personas con sus propias debilidades humanas y espirituales, y quiere infundirnos fortaleza con el don del Espíritu Santo que permanecerá con nosotros en cualquier situación crítica, llámese COVID-19, o en cualquier otra situación problemática. El Espíritu de la verdad está en el interior de cada uno y se opone con frecuencia a un mundo en el que prevalece la mentira, la confusión y las diferencias, donde todo vale.
              Jesús nos habla de una experiencia nueva que no habían entendido sus discípulos mientras lo seguían en sus correrías apostólicas: “Sabréis que yo estoy con mi Padre y vosotros conmigo”. El Papa Francisco nos dice que “esta experiencia básica sostiene nuestra fe”. Necesitamos profundizar y experimentar que Jesús está con el Padre y nosotros con Él como presencia real en nuestra vida y en la acción apostólica que nos compromete a llevar al mundo entero su mensaje de salvación.
              Como seguidora de Jesús viviendo en comunidad me cuestiono: ¿Qué sentido tendría la Iglesia de Jesús si en nuestras  comunidades no se visualiza el “Espíritu de la verdad” a través de sus relaciones fraternas y de su testimonio de vida? ¿Cómo anunciar la Buena Noticia del Evangelio a una sociedad tan necesitada de aliento y esperanza?
              La Palabra de Dios es nuestro faro salvador en toda ocasión. Escuchemos lo que nos dice, dejemos que nos penetre y nos transforme. Preguntémonos a qué nos invita y a qué nos compromete. La Palabra nos guiará por el camino seguro hacia la Verdad plena.
Hna. M.ª Jesús Carro (Oviedo)
 
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