Quinto Domingo de Pascua

Categoría: Eclesial Creado: Sábado, 09 Mayo 2020 Publicado: Sábado, 09 Mayo 2020
Caminoverdadvida
YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA
En el  Evangelio de Juan, Jesús nos vuelve a hablar de nuestras inquietudes, nuestros miedos; una vez más quiere tranquilizarnos y que nuestro corazón este en Paz. Y nos dice que lo contrario de la inquietud es la fe, concretamente creer en El.
¿Como no inquietarnos, como no tener miedo, como no turbarse si en estos momentos en el mundo hay más de dos millones de infectados y 170,000 fallecidos por la terrible pandemia del covid 19? Frente al colapso de los servicios sanitarios. Nos hace casi imposible el compartir, el amor, la solidaridad. nuestra vida tiene que estar llena de humanidad en las cosas sencillas de cada día, pero también poniendo nuestra energía, esfuerzos para cambiar las estructuras de injusticia que sufren nuestros pueblos y que impide que la mayoría puedan tener una vida digna.
El Señor nos responde y nos invita a confiar en Él y Él nos asegura que estará siempre con nosotros. Por eso, aunque es normal asustarse, la fe en Cristo resucitado nos arrulla con la esperanza que la vida vencerá a la angustia y a la muerte. El Señor nos habla con palabras llenas de ternura y de consuelo “en la casa de mi padre hay muchas habitaciones”; “cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes”; Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre “el que me ha visto, ha visto al Padre” “les aseguro que el que cree en mí  hará también las obras que yo hago, y aún mayores”… La promesa, que él volverá y se va a prepararnos un lugar en la casa del Padre. La esperanza de la Iglesia se apoya en esta promesa. No se trata de una espera que radica en un método o una estrategia sino en una Persona. Hay muchas habitaciones, mansiones llenas de alegría, amor y paz, es decir, de vida en plenitud, de vida verdadera y vida en abundancia. La fe nos permite descubrirlo en nosotros mismos y actuando en nosotros y en nuestro tiempo; nos llama a mirar mejor el presente.
Cuando le preguntan ¿cómo se llega al Padre? Jesús contesta: “yo soy el camino, la verdad y la vida”
Sólo a través de El podemos llegar al Padre, es el único camino, la única forma, el único modo. Un camino desconcertante, no fácil, pero lleno de entrega y servicio, pasando por la cruz y la muerte hacia la vida verdadera. Conociendo el “Camino”, vamos siguiendo su estilo de vida y sus palabras hasta entender poco a poco la verdad y la vida.
Jesús es el camino único porque es una persona viva y verdadera, que nos conduce a la felicidad del reino de Dios Padre. Seguir a Jesús como camino, nos plantea seguir sus pasos, vivir como Él vivió en este mundo, su estilo de vida, su talante, dando de comer a los hambrientos, salud a los enfermos y respeto y dignidad a los pobres. Sólo así podremos llegar al Padre, en un ambiente siempre de diálogo Jesús responde al pedido de Felipe: “Muéstranos al Padre y eso nos basta”. “Hace tanto tiempo que estoy con Ustedes y todavía no me conoces”, responde Jesús, agregando “El que me ve a mí, ve al Padre…Yo estoy en el Padre y el Padre esta en mi…el Padre permanece en mí y yo en El”. Jesús es la imagen viva del Padre, como todo hijo; entramos en la vida misteriosa de las personas divinas, que comparten todo y son un único Dios, y que amorosamente ponen su morada en nosotros, en nuestro mundo. Evidentemente sólo la fe descubre este tipo de relaciones del Padre y del Hijo, así como la unión con nosotros.
El clamor de Cristo sigue llamándonos a la unidad constantemente, como la única manera de salvar al mundo de esta cruel pandemia “Sean uno, como mi Padre y yo somos Uno, Yo en ellos y Tu en mi” (Juan 17,22-23). No hay otro modo, según los analistas, que buscar una solución global, entre todos; mientras cada país se esfuerce por soluciones propias, la pandemia ya globalizada sigue matando a más y más hombres y mujeres, juntos queremos romper todas las murallas que se alzan a nuestro alrededor para dejarnos afectar por la vida que clama.
Es hora de llenarnos de tu Espíritu para ir al encuentro de la realidad con gestos solidarios.
Si la globalización nos está infectando y matando, la solidaridad globalizada nos devolverá la paz y la vida. Unidos a Cristo como las ramas al tronco.
Gracias.
                                                                                      Hna. Elsa Arechaga Vela
Provincia “Santa Rosa de Lima”
 
 
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