Monseñor Romero y las Dominicas de la Anunciata III

Categoría: Otras Noticias Creado: Lunes, 04 Mayo 2015 Publicado: Lunes, 04 Mayo 2015

foto oscar romero

Lunes, 30 de abril de 1979


     La provincial de Centroamérica de las hermanas dominicas, la madre Nieves, me da la grata noticia de que ya contestaron de ALITALIA, que ya me encontraron las valijas y que ella irá a recogerlas al aeropuerto. Yo salí hacia el Vaticano para ver el resultado de mi solicitud de audiencia con el Santo Padre.

     Una lluvia torrencial me impidió caminar más rápido y luego me encontré, sorpresivamente, con la casa donde fabrican sotanas y se venden [154] todos estos asuntos eclesiásticos y perdí gran parte de la mañana en este negocio que, por otra parte, fue muy oportuno para dar tiempo de que me hagan dos nuevas sotanas.

     Compré un traje clergyman y fui al Vaticano, donde lamentablemente no encontré al prefecto de la Casa Pontificia, quien tendría la razón que darme acerca de la audiencia. Solamente me dijeron que preguntara al día siguiente.

     Esta tarde, en un teatro dominico, se representó en una forma muy artística, aspectos de la vida del nuevo beato dominico, el padre Francisco Coll. Los números eran representados por jóvenes de Barcelona, la mayoría.

     Y de ahí nos dirigimos a la iglesia de los dominicos, en la plaza Minerva, donde concelebramos, presididos por el cardenal de Barcelona, unos sesenta entre obispos y sacerdotes, y la iglesia completamente llena de religiosas y de peregrinos que habían venido a la peregrinación, a la beatificación del padre Coll. Fue impresionante esta concelebración y un nuevo motivo de santificación para la congregación fundada por este ilustre dominico. Por mi parte, sentí la alegría de esta vida de la Iglesia que siempre es fecunda en santidad.

     Por la noche nos mostraron, en la cena, más de ciento cincuenta retratos tomados en la ceremonia de la beatificación para que señaláramos los que quisiéramos comprar; pero como son sumamente caros, más de tres dólares cada uno, había que limitarse en las peticiones.

MARTES, 1 de mayo de 1979


     En Roma, el Primero de Mayo, día del trabajo, se suspende toda actividad comercial y también dejan de circular los buses por donde uno puede conducirse a diversas partes. Para aprovechar este día, sin embargo, tuve que ocupar taxis bastante caros, pero así pude ir a preguntar nuevamente a la Casa Pontificia por mi audiencia con el Papa; pero también la Casa Pontificia, la prefectura de la Casa Pontificia, estaba cerrada. Y a pesar de que un guardia suizo me dejó tocar la puerta, me di cuenta que era de más esperar.

     Me dirigí luego a la Casa Generalicia de los padres jesuitas, donde un asistente del Padre General, de América del Sur, me recibió muy amablemente, indicándome que los de Centroamérica estarían hasta por la tarde. Y me dio esperanzas también de una audiencia con el padre Arrupe. Una vez que conoció mi nombre, el Padre se mostró mucho más atento y agradecido por lo que se ha hecho en nuestra Arquidiócesis por la Compañía de Jesús. [155]

     Luego me dirigí a la Casa Generalicia de las oblatas al Divino Amor, donde sorprendí muy gratamente a la madre general, la madre Gloria. Ahí también saludé a la madre Valle y a todas las religiosas del Consejo Superior. Me invitaron a almorzar con ellas y departí momentos muy cordiales. Tuvieron la bondad, la Madre General y la madre Juana, que es amiga ya de la visita anterior, de conducirme en carro hasta mi posada, donde las madres dominicas, en Monte Mario.

     La tarde se ocupó en la concelebración, a la seis de la tarde, en la hermosa basílica del Corazón de María, donde los padres claretianos, para significar una antigua amistad con el nuevo beato padre Coll, invitaron a los dominicos. El padre general de los dominicos y el padre general de los claretianos asistieron al celebrante principal que fue el cardenal Tarancón, a quien saludé y también muy amablemente me ofreció su casa en Madrid cuando pasara por allá.

     La concelebración estuvo espléndida, lo mismo que ayer; unos 60 entre obispos y sacerdotes, y el amplio templo completamente lleno de religiosas y de peregrinos. Predicó el padre general de los claretianos sobre las similitudes entre estos dos santos, San Antonio María Claret y el padre Francisco Coll.

     Al regresar a la casa me dieron razón que el padre Arrupe tenía mucho interés en platicar conmigo y que hablara para concertar la visita, lo cual haré mañana, si Dios quiere.

Visto: 359