100 años de vida de M. Bernarda

Categoría: Congregación Creado: Lunes, 16 Noviembre 2015 Publicado: Lunes, 16 Noviembre 2015
madrebernarda
 
María Clementina Quezada García, nació el 14 de noviembre de 1914 en Coatepeque, departamento de Santa Ana en el seno de una familia humilde. Desde muy joven fue devota del Santísimo Sacramento, colaborando en la Hora Santa en su parroquia, allí conoció a un Fraile Dominico quien la presentó ante sus superiores en el convento del Carmen en la ciudad de Santa Ana, ellos la promovieron como vocación, presentándole varias opciones de congregaciones de hermanas de vida religiosa para ver a que carisma se sentía llamada, al final optó por vivir el carisma dominico, es así como en 1942 inicia su postulantado en Santa Tecla, en 1946 haces sus votos perpetuos los cuales profesa con el nombre de Sor Catalina Bernarda del Niño Jesús, dos años después, en 1948 es enviada junto a hermana Celina y hermana Clarita a fundar la misión en Quezaltepeque.
 

 Monseñor Luis Chávez y González, Arzobispo de ese entonces les cede el antiguo convento franciscano que tenía tiempos de estar abandonado (actual casa parroquial), ellas lo limpian y arreglan para vivir. En 1949 abren un pequeña escuela en el mismo convento dando así inicio a la obra de San Francisco Coll: “Iluminar las tinieblas de la ignorancia”, en 1950 cuando ya se encontraban en lo que ahora es conocido por todos como el Colegio San José es destinada a Rivas, Nicaragua donde se dedicó a dar clases en el colegio Santo Domingo y a atender a los ancianos del Asilo, en 1961 regresa a Quezaltepeque pero ese mismo año le piden cuidar a una hermana enferma en el Colegio Fátima en Santa Tecla, en ese lapso de tiempo es pedida por las hermanas para que vaya a trabajar a Nicaragua, Costa Rica y Guatemala, pero no fue hasta 1965 cuando regresa a Rivas, Nicaragua para inaugurar un nuevo colegio mixto. Se dedicó nuevamente a la educación de niños y continuó acompañando a los ancianos en el asilo.


En 1968 regresa a Quezaltepeque donde se dedica a la educación en el colegio, apoya a la parroquia dando catequesis de primera comunión y confirma, cuentan que los días domingos después de hacer sus oraciones y de compartir la misa con las hermanas de la congregación salía a visitar a los enfermos para llevarles la comunión iniciando desde la Cruz del Perdón cerca de la colonia Las Palmas y finalizando hasta la colonia San Judas, luego se iba hacia la colonia Las Torres, después hasta Las Brisas y por último visitaba a los enfermos que vivían cerca del La Toma.

La congregación le confiere el cargo de sacristana de la capilla del Colegio San José donde Monseñor Romero le otorga el privilegio de poder impartir la comunión mientras fungió como parroquia provisional de la ciudad, ella también se encargó de evangelizar a través de la música, formando coros, acompañando con el órgano en las eucaristías y enseñando a algunos estudiantes el arte de tocar la marimba con su recordada Alma Morena con la que deleitó en muchas ocasiones a los padres de familia de la institución.

Cabe mencionar que también trabajó acompañando a los privados de libertas en distintos centros penitenciarios, sabiendo que indistintamente del delito cometido la misericordia de Dios es nueva cada mañana.

Actualmente a su edad incansablemente se ha dedicado a sus labores pastorales hablándoles a los niños de la vida de Jesús en las visitas al Santísimo y sobre todo siempre la encontraremos con su rosario en la mano como hija de la Orden de Santo Domingo orando por todas las intenciones de las personas que se acercan a ellas.

Gracias Madre Bernarda por dedicar tantos años de servicio a la construcción del Reino, por su sabiduría, por sus consejos, por tanto bien realizado a nuestra sociedad de Quezaltepeque; por todas sus oraciones por cada uno de los aquí presentes, en este día especial que Dios le ha concedido celebramos con mucho regocijo sus 100 años de vida.

Unamos nuestros corazones para agradecer al Señor por la entrega incansable de Madre Bernarda, para que su vida siga siendo fortalecida con la fuerza del Espíritu y de Jesús Sacramentado y que este jubileo sea un momento propicio para que los 100 años de su vida sean un ejemplo de vida entregada al servicio a los demás con amor de Dios.
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